Los contratos de los grandes para jugar los torneos de verano se terminan este año y ambos observan con mejores ojos la posibilidad de jugar en el exterior, donde cobrarían mejores contratos con menos partidos y correrían menos riesgos de lesiones. fernandez-ignacio, debut vs-boca verano 2016 El debate ya estaba en el aire, y lo que sucedió en el primer superclásico del año no hizo más que amplificarlo. El primero en hablar fuerte sobre el tema había sido el técnico de River; pese a que buscó en su vocabulario palabras menos bruscas, apenas arrancó la pretemporada Marcelo Gallardo optó por ser claro: “A mí, sinceramente, estos partidos de verano me joden”. Un poco más protocolar, había salido a respaldarlo el presidente del club, Rodolfo D’Onofrio, que dijo que estaba en duda la continuidad del equipo en este tipo de copas. A la polémica se sumaron otros dirigentes, entrenadores y futbolistas, que pusieron en duda la utilidad de estos partidos, que se han ganado un lugar en el folclore veraniego, especialmente en Mar del Plata, pero no terminan de ser un buen negocio para los clubes: para muchos, de hecho, la máxima aspiración es terminar sin bajas. No es casual que la discusión se haya instalado con fuerza este verano: la grilla de 12 partidos en 19 días diseñada por Torneos -con cinco clásicos y todos los grandes incluidos- le dio a la edición 2016 una robustez que hacía años no tenía. Pero el mismo cronograma planteó una serie de dolores de cabeza para los entrenadores, varios de ellos recién llegados. Y para colmo, el único espectáculo que parecía intocable, el superclásico, volvió a dar la nota por los incidentes dentro de la cancha. Para el primer partido, el choque entre San Lorenzo e Independiente del 12 de enero, el técnico del club de Boedo, Pablo Guede, puso gran mayoría de suplentes, pese a que era su presentación como técnico. Confirmado desde la hora cero: los entrenadores deberían hacer malabares para tratar de garantizar un espectáculo entretenido, obtener un buen resultado, cuidar y rotar a los jugadores, pensar en el campeonato que arranca el primer fin de semana de febrero, y en algunos casos -Racing especialmente- acomodar todo eso a compromisos inminentes a miles de kilómetros por copas internacionales. Como la duda mata al hombre, no tardó en tomar forma: ¿Vale la pena? Cuando Gallardo habló, sus palabras parecían un eco de quejas similares de Rodolfo Arruabarrena el verano anterior. El técnico de River explicó que desde su época como jugador le molestaban estos compromisos, y que no le resultaba para nada cómodo tener que interrumpir la preparación física. Y cuando D’Onofrio dijo que River no renovaría el contrato con Torneos que vence en marzo, el asunto pasó a la etapa dos. River embolsa US$ 150 mil por partido, igual que Boca, pero en realidad desde hace años que no suma un dólar, porque el dinero fue cobrado por adelantado durante la gestión de Daniel Passarella. “D’Onofrio llegó 40 años tarde a los torneos de verano y no sabe lo que significan para la gente”, opinó el dirigente de Boca Juan Carlos Crespi. Fiel a su estilo, el ex sindicalista consideró que estas copas son un clásico insustituible de temporada desde 1968, un derecho adquirido, y que el presidente de River estaba abriendo el paraguas ante eventuales derrotas. River, efectivamente, perdió 3 a 2 en su debut contra Independiente, pero más allá de las chicanas -y sobre todo a partir de la voltereta que daría la actualidad xeneize con la doble derrota frente a River y Racing-, desde la dirección de Boca aceptaron que el tema era complejo también para ellos. “Hay mucha queja de los entrenadores, desde hace años, porque les interrumpe la parte más intensa de la preparación física y encima tienen que cruzar los dedos para que no se rompa nadie”, explicó Oscar Moscariello, integrante de la comisión directiva. El contrato de Boca también vence este año, como casi todos sus compromisos, porque en un 2015 con elección de autoridades quedó mucho por renovar para no comprometer a una eventual nueva dirigencia. La continuidad de Daniel Angelici supone también la del club en las copas de verano. Pero eso no significa que el esquema actual sea sostenible. Implica, por ejemplo, rechazar ofertas para hacer la pretemporada en el extranjero junto a algunos de los clubes más importantes del mundo. “Hemos recibido invitaciones para ir a jugar a algún Emirato, con clubes como Manchester United o Barcelona. Además de un roce muy bueno eso puede significar que el club se traiga US$ 2 millones”, explicaron desde Boca. El frente exterior es la gran tentación también para el resto de los equipos. Víctor Blanco, presidente de la Academia, admitió que los US$ 100 mil que el club recibe por partido son una buena cifra, pero que no tienen nada que hacer contra lo que podría dejar, por ejemplo, una gira por Estados Unidos. Al club le queda un año de contrato. “Vamos a cumplirlo”, dijo Blanco. En Independiente, el panorama es similar, pero aún quedan dos años de contrato, según explicó el secretario general, Héctor Maldonado. El dirigente coincidió en que sería más redituable jugar algunos amistosos y hacer la pretemporada en el extranjero. Maldonado reconoció que eso daría más dinero, y que si bien no hubiera evitado imprevistos como el esguince de tobillo que sufrió Hernán Pellerano en el cruce contra River, probablemente el entrenador Mauricio Pellegrino y sus colegas no sentirían la presión de tener que poner toda la carne al asador para buscar buenos resultados. Lucas Bernardi, técnico de Newell’s, club que este año no forma parte de la grilla del torneo, consideró en ese sentido que la parte agradable de esta pretemporada sin público ni televisación para el equipo rosarino es poder armar amistosos para concentrarse en posibles planes de juego y no en el marcador. Es que por verano que sea, los partidos amistosos dejan de serlo cuando los resultados son malos. En 2015 lo sufrió Jorge Almirón, entonces técnico de los Rojos. Y ahora lo sufre Arruabarrena, que por segundo verano consecutivo arrancó el año con una derrota

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frente a Racing con cuatro goles en contra; esta vez con bonus track por la caída contra River. Las lesiones son el otro capítulo: más allá del caso Pellerano, dirigentes de Independiente confesaron que se les aceleró el pulso cuando Martín Benítez comenzó a renquear en el primer tiempo contra River después de trabar con Nicolás Bertolo; fue sólo un golpe, pero cada vez que el delantero inflaba los cachetes de dolor, la pregunta volvía: ¿Qué necesidad? Facundo Sava tuvo su propia dosis de angustia cuando Leandro Grimi tuvo que ser reemplazado por un mareo producto de un pelotazo en el choque contra Boca; Racing sólo piensa en el compromiso que el 3 de febrero tendrá en México contra Puebla por la primera fase de la Libertadores. Diego Milito admitió que el esquema actual del fútbol veraniego se superpone con el tipo de preparación ideal y queda demasiado cerca de los torneos oficiales. Ni él ni ninguno de los titulares, de hecho, podrá jugar el próximo viernes el clásico contra Independiente, y la dirigencia de Racing no oculta su enojo por este detalle. Esta alternancia entre equipos titulares y suplentes genera además una paradoja: pese a que hasta ahora hay un promedio de más de cuatro goles por partido, nadie podría decir que se haya visto muy buen nivel de juego. La decepción de muchos turistas ilusionados con ver a las figuras de sus equipos es grande cuando la nómina no los incluye. Y también hay decirlo: no sería menor la frustración si los torneos simplemente dejaran de contar con los equipos grandes, porque para miles de personas es la única chance de verlos en todo el año. Un detalle a contemplar en ese sentido es el precio de las localidades, que este año registraron un aumento de más de 50 por ciento en algunos casos. Eso explica que -excepto el superclásico, que queda fuera de todo parámetro- haya tantos claros en las tribunas. Atentos a la lista de frentes abiertos, dirigentes y organizadores empezaron a pensar alternativas: ¿menos partidos?, ¿sólo clásicos?, ¿ningún clásico?, ¿cuadrangulares u octogonales por eliminación como en las décadas del 70 y 80? Nadie tiene la respuesta infalible, pero como sucede con todo emprendimiento de verano, mejor hacer ajustes con tiempo. Fuente: cancha llena

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