Hoy es martes 13: No te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes”

Se trata de una creencia arraigada en América Latina y España. Pero, ¿de dónde proviene?

Hoy es martes 13 y es común escuchar la frase “ni te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. Muchos recurren a amuletos para ahuyentar la mala suerte que se le atribuye a esta fecha en América Latina y España. Los mitos y supersticiones tienen un origen histórico y social con profundas bases en la psiquis. Según una encuesta realizada en 2005, por el Instituto de Demoscopia de Allenbach, creer en los buenos o malos presagios resulta más común en la actualidad, que hace un cuarto de siglo

El Mito

El origen del número 13 como número de la mala suerte tiene varias explicaciones; la más conocida es la referencia bíblica donde se cuenta que Judas, el apóstol que traicionó a Jesús, fue el invitado 13 de la Última Cena. Otros relatos, que remiten a la antigua Roma, sostienen que las brujas se reunían en grupos de 12. El 13 se creía que era el diablo.

También, la Cábala enumera a 13 espíritus malignos, al igual que las leyendas nórdicas; en el Apocalipsis, el capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia. También una leyenda escandinava cuenta que, según la misma tradición, en una cena de dioses en el Valhalla, Loki, el espíritu del mal, era el 13° invitado. En el Tarot, este número hace referencia a la muerte.

Por qué el martes

La combinación del martes se originó a finales de la Edad Media. El martes 29 de mayo de 1453 cayó la ciudad de Constantinopla. Según parece, el papa y las Repúblicas de Venecia y Génova enviaron una flota de ayuda a la ciudad sitiada, pero ésta caería antes de que llegaran. Cuando la flota de socorro iba a entrar por el estrecho de los Dardanelos, se cruzaron con unos pocos barcos de refugiados que huían de la ciudad conquistada; al preguntar cuándo había caído, éstos respondieron que el martes.

La caída de Constantinopla supuso un profundo trauma para las potencias cristianas, y el día de su caída, el martes, asociado además al dios de la guerra pagano, pasó a considerarse de mala suerte. Martes es una palabra que desciende del nombre del planeta Marte, que en la Edad Media lo llamaban ‘el pequeño maléfico‘ y que significa voluntad, energía, tensión y agresividad. Marte, (o Ares según la mitología griega), es el dios de la guerra, por lo cual el día martes está regido por el planeta rojo, el de la destrucción, la sangre y la violencia. Además, la leyenda dice que un martes 13 se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel.

Todo se origina en la cabecita

En este contexto, no son pocas las personas que creen en las supersticiones, e inclusive que éstas expanden su poder maléfico en los “martes 13”. Según lo publicado por TN, la psicóloga española Zoraida Rodríguez Vílchez escribió un trabajo en donde categorizó los mitos mencionados y además describió las seis bases psicológicas que se encierran detrás de cada superstición.

  • Necesidad de predictibilidad: las personas necesitamos vivir en un mundo predecible, en el que hay un orden y unas reglas que explican por qué pasan las cosas. Cuando yo creo la regla “si el cielo está nublado, tengo que agarrar un paraguas porque es probable que llueva”, evito mojarme. Nos ayudan a vivir mejor. El problema es que vamos creando asociaciones que carecen de consistencia científica (“si rompo un espejo, tendré 7 años de mala suerte”). Se llama “correlación ilusoria” y explica porqué el jugador de póker se toca dos veces la nariz para tener una buena mano.
  • Necesidad de control: si controlamos la situación (aunque sea porque llevo una pata de conejo en el bolsillo o el “amuleto” que fuere), las personas creen que sortearán mejor el día.
  • Necesidad de seguridad: en las situaciones estresantes buscamos aferrarnos a algo que nos de tranquilidad. Llevar los botines de la suerte en este partido tan importante, se puede creer por ejemplo en algunos casos.
  • Eludir responsabilidad: si algo nos sale mal y lo podemos adjudicar a la mala suerte, no quedamos expuestos al fracaso propio o la acusación de los demás.
  • El sesgo confirmatorio: una vez que hemos creado la regla supersticiosa, nuestra mente se dirige a buscar aquella información que confirme mi regla y a rechazar aquella que la incumple. Por eso me pongo la camiseta de mi equipo para que gane, y el día que, aún llevándola, éste pierde, busco otra explicación: “Es que el árbitro nos robó el partido” o “los astros se alinearon en nuestra contra”. ¿Y quién puede hacerle frente a los astros?
  • La profecía autocumplida: ante una situación que creo que da mala suerte, me condiciono y yo mismo me genero una serie de desgracias. Así se explica cómo los deportistas cuando juegan en un estadio o cancha a la que tildaron de “mufa” o “yeta”, nunca consiguen ganar.

Los mayores problemas aparecen cuando un exceso de supersticiones, nos vuelve obsesivos e inseguros.

Fuente: El Intransigente

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