Vino de Dinamarca para entender el peronismo, pero encontró el amor y se quedó para siempre

Un danés radicado en el país contó cómo ve a los argentinos; qué le causa sorpresa y qué debió resignar para adaptarse y entender los hábitos locales.

Henrik Lundorff tiene 29 años y es de Thisted, al norte de Dinamarca. Llegó a la Argentina en febrero del 2013 interesado por el idioma y las Ciencias Políticas. Tras un paso de seis meses por Lima, se anotó en nuestro país en una maestría buscando una nueva experiencia en América latina que le permitiera adentrarse en la cultura.

“Soy amante del fútbol y del vino. Desde mi disciplina, me interesaba venir a estudiar el peronismo y la dictadura”, relata este joven amante del ciclismo. Además, planeaba realizar su trabajo final sobre la Unasur y los nuevos gobiernos de la región encabezados, en ese entonces, por Hugo Chávez, Dilma Rousseff, Lula da Silva y Cristina Kirchner. “Vine con la idea de prolongar mi pasantía”, cuenta y rememora que la falta de contactos le resultó un obstáculo para encontrar un empleo.

Lundorff hoy trabaja en el Área de Innovación Urbana del Gobierno de la Ciudad, donde está a cargo del programa de Turismo en bicicletas y es asesor en políticas sustentables. Anteriormente formó parte de la organización Techo, haciendo relevamiento de viviendas a lo largo de todo el país. “Fui a conocer cómo vive la gente en un asentamiento de La Matanza, así fui tomando cosas de la cultura”, contó Lundorff.

Unos meses después de su arribo al país, conoció a quien es su actual esposa: una joven oriunda de Puerto Madryn, que lo llevó a conocer el sur y gracias a ello, Lundorff asegura: “Es como mi región”. En el 2015 celebraron el casamiento por civil y, un año más tarde, la ceremonia que considera la más significativa; donde participaron familiares y amigos que llegaron de Dinamarca y sus allegados argentinos.

Fue en 2014 cuando este danés se radicó definitivamente en el país. “Ahora soy una parte de esta sociedad”, sostiene. Lógicamente, debió aprender los hábitos y códigos locales, disfrutar de lo más grato y pintoresco de la gente y, al mismo tiempo, lidiar con las dificultades cotidianas.

Este joven no duda en recalcar entre las virtudes argentinas a la creatividad. “Es real que el argentino es creativo, por no tener el recurso le encuentra la vuelta a las cosas”, pero aclara que no se puede ser apelar a ese recurso todo el tiempo, “ni atar todo con alambre siempre”.

Lundorff se sorprende de la manera en que los argentinos expresan sus emociones y sostiene: “Nunca tenés la duda de si un argentino está molesto o contento”. También destaca el humor y la intención de hacer que el otro se ría con un chiste, considera que tenemos un “modo de hablar muy divertido” y admite que cada semana trata de aprender algo nuevo del vocabulario o la forma en que un argentino levanta la voz.

“Acá la gente trabaja para poder descansar, es un concepto diferente. En Dinamarca las vacaciones son para tomar energía para el trabajo. El tiempo es un recurso y acá se maneja como uno quiere”, destaca el danés y remarca un aura especial cada vez que hay una reunión: “Donde se junta un grupo de argentinos se logra una energía fuerte y positiva. Esa fuerza es la suma de todo y algo más. Es algo que no pasa individualmente. Lamentablemente eso no se logra en la sociedad en general o en lo laboral”.

Este nuevo hincha de Racing recordó que un amigo lo llevó a la cancha y, con los colores y la hinchada, “fue amor a primera vista”. Pero sobre lo partidos que juega con su grupo de amigos remarca: “El fútbol es un microcosmos en la Argentina, cuando juego con amigos me molesta la mentalidad. En la charla previa hablamos de jugar tranquilos y de manera inteligente, pero apenas arranca el partido se vuelven locos, es como jugar con diez perros con rabia, no hay cerebro”, se queja.

Desde su visión de extranjero, Lundorff afirma que la Argentina es un país bastante machista. “Lo noto en cómo los hombres hablan de las mujeres, es muy violento. Es fácil decir que es un país libre, pero es muy machista e injusto. Los porcentajes de hombres en posiciones importantes son altos y no son los más capaces”, opina.

Henrik forma parte también de Viking Bike Academy, una organización de activistas que fomenta el uso de la bicicleta. Con respecto a su uso, recalca que para que haya más usuarios, como sucede en su país natal, debe haber una política masiva. “Sueño con 100.000 personas entrando por Corrientes, con llevar a mi hijo a la escuela en bicicleta. La cultura se puede cambiar como pasa con el medioambiente”, expresa el joven y agrega que para facilitar el uso de las bicis se necesitan más “conexiones directas, cómodas, seguras y rápidas”.

Entre las costumbres argentinas, Lundorff confiesa que antes odiaba la excusa ‘se me complicó’, pero, luego de experimentar un par de años en el país, reconoce que es una verdad: “Acá a veces se complica”, dice. Ese inconveniente puede aplicarse al tráfico o bien graficarse con un episodio minúsculo: “Puede que vayas a una reunión y en un día de lluvia, pises una baldosa floja y llegues una hora más tarde porque tenés que volver a cambiarte de ropa”, concluye.

Fuente: La Nación

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